Mineral mixto de cobre
Comparar la respuesta de sulfuros y óxidos, sulfidización cuando corresponda, pH, reactivos, cinética, remolienda, ley y recuperación.
Usamos las pruebas metalúrgicas para tomar decisiones, no para acumular informes. Cada prueba debe responder una pregunta concreta: validar un supuesto, comparar alternativas, detectar una pérdida, definir un producto o reducir incertidumbre antes de pasar a una escala mayor.

Definimos cada etapa a partir de una pregunta concreta, preservamos la identidad de la muestra y verificamos que los resultados cierren en un balance metalúrgico coherente.
Fuente, lote o dominio, masa, granulometría, humedad, protocolo de muestreo y grado de representatividad.
Ensayo de cabeza, mineralogía, liberación, asociaciones, análisis secuencial de cobre o distribución del Au cuando corresponda.
Concentración gravimétrica, flotación, lixiviación u otra prueba con variables y objetivos definidos.
Alimentación, concentrados, productos intermedios y relaves, con masa, ley y humedad según corresponda.
Verificar el cierre de los balances de masa y metal, comprobar la repetibilidad y revisar cualquier resultado anómalo.
Definir la siguiente prueba, el diagrama de proceso, una condición operativa, una restricción comercial o un criterio para descartar una alternativa.
Adaptamos el programa a la mineralogía y al producto final, en lugar de aplicar la misma secuencia de pruebas a todos los materiales.
Comparar la respuesta de sulfuros y óxidos, sulfidización cuando corresponda, pH, reactivos, cinética, remolienda, ley y recuperación.
Separar la respuesta gravimétrica, la flotación de sulfuros, la distribución del oro residual y la respuesta a lixiviación cuando corresponda.
Medir impurezas y humedad desde etapas tempranas para evitar optimizar un concentrado que después resulte difícil de comercializar.
Cada resultado metalúrgico debe poder rastrearse hasta la muestra original y el lote o dominio que representa.